sábado, 2 de mayo de 2015

BOOM

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Todo empezó cuando Andrea le incendió el auto a Fabián. Al final terminaron juntos y amándose como esas parejas cursis de los comerciales de la TV o de la publicidad de los paraderos de micro. No sé qué tenía en mente Fabián que se enamoró de una mina que le incendió el auto.

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La fiesta no estaba buena. Eso da pie para tomar más de la cuenta para tratar de sentir que se pondrá mejor. Para ver si con copete uno se envalentona a hacer algo que haga que la fiesta valga la pena. Pero este no fue el caso. El copete trajo consigo lo que la mayoría de las veces pasa al tomarlo de mala manera. Náuseas, vómitos, más vómitos, negro, negro, negro, destello de algo, vómito y más vómito. La fiesta no estuvo buena.

Aburrida de que sus amigas le insistieran que se fuera a su casa, las mandó a la chucha y se puso a caminar por Bellavista. Unos flaites agarrándose a botellazos, unos punkies macheteando y unos hippies vendiendo sus cosas de hippies. Lo que se ve siempre por ahí.

Los pies livianos. Livianos pero oscilantes. El camino era un vaivén. Andrea estaba volviendo en sí. Pero se puso a tomar cerveza en un local. 

La borrachera sigue.

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2

Fabián estaba en el Forestal tocando guitarra con sus amigos. Fumaban cigarros y pitos. Conversaban de política, filosofía y se iban en la rama con cualquier tema que surgiera. 

No había alcohol. No hubo alcohol.

Seguían perdiéndose en el humo de unos Hilton. Los cigarros que fumaba su abuelo cuando chico, recordaba. Las notas de la guitarra se mezclaban con el rumor de las micros, autos y los gemidos de algunas parejas que lo estaban pasando bien en el parque.

Fabián se despide. Que está cansado, que tiene que hacer. Las típicas excusas mariconas para dejar botadas a las amistades.

Buenas noches, que estén bien.

Camina. Las luces se ven más brillantes que de costumbre. El cielo tenía un color rojo fuego. Extraño tratándose de la noche. Sigue caminando. En la calle Estados Unidos se sube a su auto. Maneja. La luz de que queda poca bencina se enciende a las pocas cuadras. Pasa a la bomba de bencina.

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Andrea pasa a un Pronto a comerse un completo. Si es que a esas mierdas se les puede llamar completo. Salchicha recocida con un olor a putrefacción. Pan añejo, pero que calentado pasa piola. Palta que no es palta con sabor a conserva y a preservantes. Salsas de dudosa procedencia que dicen ser de marca de renombre. Pura mierda, pero que cumple su objetivo: ayudar a pasar el bajón.

Ganas de fumar. Andrea se toca los bolsillos buscando su cajetilla de cigarros. No los encuentra. Se desespera en la búsqueda y revisa nerviosa sus bolsillos. No recuerda dónde los dejó. No recuerda nada. Busca dinero. Tampoco. Lo último que tenía se lo gastó en un hot-dog.

Decide salir del servicentro y ver si le puede sacar un cigarro a algún incauto. Se acerca a un auto a probar suerte.

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4

Fabián se estaciona en la bomba. Espera un buen rato a que lo atiendan y no pasa nada. Después se da cuenta de que es una bomba autoservicio. Cómo tan hueón, piensa. Conecta la manguera al auto y espera. En la espera prende un cigarro y se aleja del auto.

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5

Qué raro. No hay nadie en el auto.

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6

Se acerca al auto porque hay alguien registrándolo. Oye, qué estái haciendo, grita mientras corre.

Se da cuenta que es una mujer. Borracha. Con cara de mierda. Pero aún así es una de las mujeres más guapas que ha visto en su vida. Ella le pide un cigarro. Él se niega.

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Andrea empieza a patear la perra. Hace el amago de irse. Camina cinco pasos en dirección a la calle y se devuelve al auto de Fabián. Mientras daba los pasos sacaba el encendedor de su bolsillo. Fabián no se daba cuenta de lo que estaba pasando, pues fumaba distraído su segundo cigarro. 

Se siente el chasquido de la piedra contra la rueda. La llama sale. Está a pocos centímetros de la manguera de la bomba. Está más cerca del hoyo del auto por donde entra la bencina. La bencina empieza a arder. 

BOOM.

A Andrea no le pasó nada. Ella alcanzó a correr y esconderse. Él se quemó. El brazo y la pierna derecha. No fue tan grave.

Bueno, perdió el auto. Pero lo material va y vuelve.

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Trámites. Demandas. Seguros. Puras pajas legales para cobrar plata y recuperar hueás que no valen la pena. Ahí empezó el amor.

Quizás si Fabián hubiese visto a Andrea en la explosión, habría corrido hacia ella, la habría agarrado, besado y le hubiera hecho el amor. El fuego excita. Más si viene acompañado de una explosión.




jueves, 23 de abril de 2015

Guitarra ebria

Se escuchaban a lo lejos algunas notas de un instrumento de cuerda. Pero sólo a ratos, en ese instante en que el mar se recoge en silencio tras haber chocado estrepitosamente en contra de las blanca y brillante arena de esta lejana playa. Lejana porque no es en mi país. Suficiente para sentirme un poco melancólico. Más aún sabiendo que me quedaban dos cigarros y ya tenía un par de cervezas en el cuerpo.

Me dediqué a caminar en zig-zag. Desde el mar hasta el fin de la playa cercano a los bosques. Volver al mar, mojarme lo pies, llenarlos de arena en el camino hacia el bosque. Así muchas veces. En uno de esos vaivenes me encontré con este muchacho. Barba incipiente, pero fina, lo que mostraba que aún era un púber o que esa etapa de la vida se había retrasado en él. Un par de dreadlocks cortos y que parecían antenas en su cabeza coronaban su ser.

La melancolía reinante en mí se canalizó en ganas de tocar guitarra. El muchacho, sentado en un tronco en la playa me quedó mirando. Me acerqué y entré en conversación con un hola. Parecía no entender, pero las similitudes idiomáticas entre el español y el portugués hicieron posible la comunicación. Bueno, tampoco le restemos importancia a los gestos.

Ahí estaba el joven frente a mí. La arena se me metía por el pantalón. El suave viento levantaba los granos más livianos haciéndolos chocar con mis brazos dando un sensación de hormigueo. Las manos me picaban, en sentido figurado, porque quería tocar guitarra. ¿Qué estás tocando? fue mi pregunta. Algún grupo de Curitiba fue lo único que alcancé a entender. Un reggae más lento de la habitual, una desafinada voz y la ausencia de la cuarta cuerda. Sirvió para conocer algún grupo de este país que limita con el Atlántico.

Mi turno. Qué complicado tocar sin una cuerda. El alcohol seguía haciendo sus efectos. Lo que me animó y me hizo cantar. Idioma corporal, luego Días de Alejandra con un arpegio extraño debido a la ausencia del Re. Un posterior intento fallido de Cuando yo era un loco. Su cabeza se movía, en lo que intuí era un signo de aceptación.

Su turno. Otras canciones de reggae. Me esperaba algo de bossa nova. Pero no hubo caso. Es que llevo sólo seis meses aprendiendo. Lo contraste con mis doce años tocando guitarra. Claro que yo no toco bien.

Me despedí y seguí mi camino. En busca de una cerveza que me mantuviera ebrio por lo que quedaba de tarde. Me adentré por una serie de puentes de madera que rodeaban el borde costero, entre bosques y el mar. Algo que nunca había visto. El kiosko estaba cerca y la cerveza también.

domingo, 12 de abril de 2015

Más ciclismo

No he escrito nada. El miércoles tengo la presentación privada de mi memoria y me ha tenido bastante ocupado, lo que no quita que haya dejado de pedalear.

Ayer hice mi primera cuesta. Desde Chicureo a La Dehesa. Cerca de 7k de subida con un desnivel cercano a los 500m. Costó, pero lo logré.

Intruseando en Strava encontré que se puede descargar el archivo de GPS (.gpx) de las rutas que he hecho. Descargué la mayoría de los ruteos (creo que sobre 40k) y los cargué en Google Earth para verlos todos a la vez.

Este es el resultado:


Con esto queda en cierto modo plasmado el hecho de no cruzar el Mapocho, salvo en contadas ocasiones.

Tengo una deuda con el sector norponiente de Santiago. Recorrer el barrio del hipódromo, cementerio general, Quilicura, Pudahuel, Conchalí, Renca, Lo Prado, Cerro Navia.

Pero habiendo presentado mi memoria tendré más tiempo para rutear.

domingo, 15 de marzo de 2015

Los días olían a vodka sin limón

Sintió reventar en su cara las burbujas de dióxido de carbono que salían de su vaso con vodka tónica. Le gustaba sentir las finas gotas chocar en la punta de su nariz y sus mejillas. Lástima que durara tan poco ese instante. Se imaginaba que podía ser algo así como la erupción de un volcán. El primer sorbo siempre venía acompañado de este pensamiento. Bueno, no en esta ocasión. Tenía la cabeza en otro lado. En parte por las cervezas que había tomado antes y por el pito que le habían ofrecido en el baño del Teletrak. 

Otra vez las pequeñas burbujas de agua tónica en su cara. En esta ocasión sin vodka. Qué desgracia. ¿Cómo mantenerse sin pensar en hueás sin un vodka tónica?

En la mesa del fondo estaban cantando canciones de Peralta y Zitarrosa. Buena combinación, quizás. Le dieron ganas de cantar. Tomo al seco lo que le quedaba en su vaso e intentó unirse al grupo. No lo consiguió.

Mañana siguiente. Qué molesto el dolor de cabeza, pensaba. Encendió un cigarro, fue a la cocina y se sirvió una cerveza. No le importaba tomar antes de las doce. La verdad es que no tenía conciencia de la hora que era. Por la calle pasaban las señoras con su carros de feria llenos de frutas y verduras.

Un gato maullaba a lo lejos.

Otra cerveza y el quinto cigarro del día. Lo dejó a medias en el cenicero y se terminó de quemar solo. Un largo y frágil molde del cigarro hecho ceniza. La brisa que entró por la ventana terminó por destruirlo.

La quinta carrera en el Hipódromo. Iba para atrás. Los datos seguros que tenía le habían fallado. Apostó a un caballo al azar y ganó. Le pareció cómico el nombre del caballo. "Pagaría por no verte". En esos momentos él pagaría por no verla. El caballo era un ñato, pero igual ganó. A ella no había cómo volver a ganarla.

Con lo ganado se fue a chupar al Serena. Un chichón para empezar. De fondo, la radio cacharrienta  de siempre con la Imagina sonando.

Hoy la vi, fue casualidad/Yo estaba en el bar, me miró al pasar/Yo le sonreí y le quise hablar

Pero ella no pasó y no volvería a pasar.

Ahogó el último llanto por la muerte de su compañera en un vaso de vodka con dos hielos y sin limón.

lunes, 2 de marzo de 2015

Divagaciones

Me queda poco para entregar la memoria. Estoy medio trancado. Las ideas no salen. Aprovecho esos momentos en que estoy pegado para salir a pedalear. Generalmente después de eso me despejo y consigo escribir. Tengo miedo. Quizás ansias. No lo sé. Sólo quiero entregar el borrador y que se acabe esta hueá luego.

A propósito de la bicicleta. Estuve sedentario, creo yo, cerca de diez años, a lo mejor son más, pero no lo recuerdo bien. Y desde que me compré la bicicleta me he sentido bastante mejor.

Hoy subí el San Cristóbal por primera vez sin parar. La vez anterior me había detenido en la piscina un rato. Hoy puse huevos y seguí. No fue para nada terrible. Después de llegar a la casa llamé al Nico y le pregunté si iba a salir a andar en bici. Me dijo que sí. Entonces le dije que lo acompañaba. Emprendimos camino hacia La Pirámide. Lo hicimos por Recoleta - Vespucio y empezar a subir no más. No fue tan difícil como creía que iba a ser. 

El Sábado subí por General Blanche. Desde Los Domínicos hasta el estadio del equipo de mis amores. Luego partí a Plaza San Enrique y luego a La Dehesa. Me sentí bastante ajeno a esos barrios. Conocía sólo la Plaza San Enrique. Bueno, el sector del estadio también, claramente.

Podría seguir nombrando lugares a los que he ido en bicicleta, pero no vale la pena. Lo que importa es que ha cambiado mejorado notablemente la opinión que tengo de Santiago. Siempre me ha gustado Santiago y siempre lo digo. Pero pasar de recorrerlo en micro a recorrerlo en bicicleta hace que la cosa cambie. Se conocen mejor los lugares, se eliminan prejuicios. "No vayai pa' allá, que es peligroso", patrañas. Puras patrañas. En lo lugares que dicen que las cosas son brígidas sólo me he topado con vida de barrio. Señoras conversando en las puertas de sus casas, cabros chicos bañándose en la piscina que alguien instala en el pasaje por el fin de semana, pichangas en la plaza, parejas conversando o besándose.

Me gusta Santiago y quiero seguir redescubriéndolo con mis nuevos ojos de "ciclista".