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martes, 29 de diciembre de 2015

A Villa Alemana en bicicleta y ruteo por Lo Orozco

Dejé de trabajar en vísperas de navidad, por lo que el tiempo ahora abunda. Qué bueno poder retomar cosas que no tenía tan botadas, pero que me hacían falta.

Aprovechando que tuve que venir a la quinta región, pesqué mi bicicleta sin pensarlo dos veces (quizás si lo pensé un poco) y me vine. En mayo de este año había tratado de hacer este mismo recorrido, y todo salió mal. Se cortó la cadena y quedé tirado en plena cuesta La Dormida.

Esta vez venía mucho mejor preparado, tanto físicamente como de accesorios o herramientas para enfrentar dificultades menores. Partí temprano. El calor de estos días ha sido asqueroso. El día del pedaleo no fue la excepción. A eso de las 10 de la mañana me encontraba subiendo la cuesta La Dormida. Me lo tomé con mucha calma. Venía con alforjas y el calor me empezaba a achicharrar. Llegado a la cumbre sólo paré a tomar un foto de rigor. Quería llegar rápido a destino y sabía que faltaba mucho.

La bajada de la cuesta hacia el lado de Limache es maravillosa. Tiene muy buena vistas hacia el valle y además se alcanza gran velocidad. Sin duda un gran descanso en la travesía. Llegando abajo uno se encuentra con Quebrada Alvarado. La primera localidad bajando la cuesta. Aproveché de tomarme una bebida y comer una empanada para reponer energías y seguir.

Cumbre de la cuesta La Dormida. Llegando a la Región de Valparaíso.

Cuesta La Dormida hacia Limache.

Quebrada Alvarado, primera localidad bajando La Dormida.
El tramo entre Quebrada Alvarado y Limache era más largo de lo que recordaba. Y todavía faltaba llegar desde Limache a Lo Hidalgo (no es una gran distancia, pero ya se empezaba a sentir el cansancio).

En total fueron 118 km desde Santiago a Lo Hidalgo. Pasé por Lampa, Til Til, Quebrada Alvarado y Limache. Demoré algo así como siete horas, seis horas de pedaleo efectivo.

Ruta y altimetría del pedaleo desde Santiago a Lo Hidalgo.

Lo que me motivaba a venirme en bicicleta, era que hace tiempo tenía el bichito de pedalear por el camino Lo Orozco. Lo había transitado en bus y se veía interesante para salir a rutear.

Hoy en la mañana me decidí y partí para allá. Es duro en algunas partes, sobre todo cuando hay que subir la cuesta. Transitan muchos camiones así que hay que ir atento al camino. La berma es suficientemente ancha para que transite una bicicleta y no pasen los autos pegados a uno. Bajando la cuesta hacia la ruta 68 la berma desaparece casi por completo y comienza la zona de curvas. La parte más peligrosa del camino diría yo. Pero si se transita con precaución no deberían haber problemas.

Ruta Lo Orozco

Ruta Lo Orozco, cerca de un tranque.
Este ruteo fue de 60 km. Interesante debido a la cantidad de subidas y bajadas que se alternan durante el camino. Me topé con un par de ciclistas que estaban en la misma. Curioso para haber sido un martes en la mañana.



La comida es tema aparte. Bueno, no tanto. Después de cada salida hay que comer bien. Antes de partir también. Con el tiempo que he tenido he podido volver a cocinar todos los días. Han sido unos buenos días sin duda.

P.D. Se viene un video de una parte de la travesía. Pesa mucho, así que está tardando más de lo que creí en subirse a YouTube.

lunes, 25 de mayo de 2015

Actualización de ruteos

Aprovechando estos días libres (más libres de los que ya vengo teniendo has más de un mes), tomé mi bicicleta y partí con destino a Lo Hidalgo. El camino ya lo conocía. La semana pasada había ido a la cuesta La Dormida y la había sorteado sin dificultades. El recorrido esta vez era similar, con algunas variantes: no pasar por el aeropuerto y conocer el Camino Lo Boza para llegar a Vespucio. La secuencia es sencilla, Carrascal hasta el fondo, cruzar el Mapocho, seguir por la misma calle, que se pasa a llamar Condell y después Camino Lo Boza. En algún momento hay una curva y es ahí donde me salí del Lo Boza llegando a Brasil. Parece que en ese sector este camino deja el concreto y toma las faldas del cerro en un camino de tierra, el cual no pude divisar. Pero llegué a Vespucio conociendo un lugar de Santiago por el cual no había pasado.

Desde Vespucio ya era camino conocido para llegar a TilTil. Lo Echevers y su hediondez característica a animales muertos, aguas estancadas, basurales y quizás cuánta cosa más. Lo bueno es que pasando el cruce con Agua Claras esto decae y da paso ya a un aroma más campestre, por ponerlo de algún modo. Con la aparición del primer perro atropellado en el camino me puse a contar cuántos animales pillaba sin vida en la berma durante la travesía. El contador final: siete, lo que me puso un poco triste. Esta vez el viaje fue sin detenciones. La primera parada la realicé en el kilómetro 5 de la cuesta La Dormida.

Desde el kilómetro 3 me venía siguiendo un perro. Era negro. Se presentó con unos ladridos temerarios, haciendo que me bajara de la bicicleta para acariciarlo. Mala idea -o quizás buena-, debido a que se transformó en mi compañero de viaje. Siguió a mi lado, a mi ritmo por los siguientes 5 km. Que fue donde corté cadena. Caramba. Qué mala suerte. No quedó otra que empezar a caminar junto a la chancha para alcanzar la cima de la cuesta.

Alcancé a caminar cerca de un kilómetro, más menos hasta el cruce a Caleu, cuando se me ocurrió hacer dedo. Ahí fue que un camionero me paró y me llevó en la parte de atrás de su pequeño camión. "Hasta la bajada de la cuesta no más, que después hay pacos". Fue en ese momento, en que el perro comenzó a seguir al camión quedando relegado debido a que sus trancos no le daban para igualar la velocidad de la máquina.

Ese día estaba bastante helado. La bajada de la cuesta hacia Olmué fue una tortura. Olvidé ponerme el cortavientos y me congelé en la bajada. Llegando a Quebrada Alvarado me bajé del camioncito y me puse a caminar. En un comienzo pensé que era Olmué y me disponía a buscar una tienda de bicicletas para salir del imprevisto. Al notar que no era el lugar me puse a caminar hacia Olmué. 

Doce kilómetros separan Quebrada Alvarado de Olmué, una larga distancia considerando que había que hacerla caminando. Recurrí nuevamente a hacer dedo. Paró una camioneta roja. En su interior tres mujeres. Una familia. Tres generaciones. Dejé mi bicicleta en el pick-up y me invitaron cordialmente a subir a la cabina trasera. Iban escuchando a Silvio. Canté y me acordé de mis amigos. Crucé con ellas algunas palabras. Sólo lo necesario, para no interrumpir su conversación. Me dejaron en el cruce del camino hacia la cuesta La Dormida de Limache con el ex-troncal sur.

Ahí terminó mi viaje. Aún tengo la bicicleta sin cadena ya que no encontré un lugar para repararla en la zona.

Ruteos actualizados al 25/5/2015.

La imagen que ven es una actualización con los ruteos que he añadido a mi mapa desde la última vez que subí la imagen. Se añaden las idas a Farellones (curva 15, Yerba Loca), Cajón del Maipo (con regreso por El Toyo), Rancagua (por la Cuesta Chada), dos subidas a la cuesta La Dormida (la última fallida y con destino a Lo Hidalgo).

Sería interesante ir a hacer las cuestas al poniente de Santiago y pedalear por la ruta 68. Bueno, esas vendrán cuando vuelva a tener la bicicleta con cadena.

lunes, 18 de mayo de 2015

170 km

Ayer, junto con Nicolás, nos embarcamos hacia la cuesta La Dormida. Bueno, no nos embarcamos, pero pescamos nuestras bicicletas y partimos. El punto de encuentro fue en el aeropuerto de Santiago, Pudahuel, SCL, Arturo Merino Benítez o como a ustedes les plazca decirle. Y en eso se fueron los primeros veinticinco kilómetros de la travesía. En llegar al aeropuerto.

¿Por dónde irnos? Luego de conversar un rato optamos por tomar la ruta por atrás del aeropuerto: camino Renca-Lampa creo que se llama. Un par de aviones en la losa. Uno aterrizando, que pasó a poco metros de altura, nunca había visto eso tan de cerca. Llega el desvío a camino Aguas Claras, para el que hubo que atravesar un peladero (la conexión con este camino no hacía devolvernos un buen tramo). Y terminando este camino llegamos a Lo Echevers. Pedalear y pedalear. Desde el cruce de Aguas Claras con Lo Echevers a Lampa hay cerca de diez kilómetros.

Lampa: no sé si fue por el día o qué, pero era un caos el centro. Pocos autos y mucha gente cruzando por cualquier lado en las calles. Parada para comer algo e hidratarse. Luego de esto a continuar con el pedaleo. Saliendo de Lampa tomamos el camino a Chicauma. A la entrada de este camino hay un condominio o parcelación o no sé cómo se les llama a esos sectores con muchas parcelas, llamado Valle de Luna, en el que vivía un amigo de mi infancia. Buenos recuerdos.
Llegando a Lampa.
De Lampa a Til Til son 25 km. El camino a Chicauma es bastante entretenido. Pasan pocos autos y muchos ciclistas, debe ser porque es un buen camino. El pavimento está en buen estado, hay hartas rampas y falsos planos, no tan desgastantes. La vista es bastante típica de la zona central, pocos árboles en los cerros, muchos cactus y espinos. En las quebradas aparecen más árboles y también en algunas zonas al lado del camino. Llegando a la última subida del camino a Chicauma nos topamos con el Camino a Til Til.
Un grande.
A seis kilómetros de la intersección de estos caminos, y en dirección a Til Til, nos topamos con el monumento a Manuel Rodríguez y el que sería el segundo descanso, más que nada para guardar el cortavientos porque ya empezaba a hacer calor. Seguir pedaleando un rato y llegamos a Til Til luego de 72 km.


Monumento a Manuel Rodríguez.
Descanso para comer, llenar agua y prepararnos para lo que nos convocaba: la cuesta La Dormida. En Til Til estaba el circo de las Montini y me acordé de la teleserie del siete.

Cuesta La Dormida: 11 km, 6% de pendiente promedio, ascenso en torno a los 650 m. Había pasado por la cuesta en sentido contrario al actual, un mañana después de haber trabajado de barman en Limache, por tanto, la idea que tenía en mi mente de la cuesta distaba mucho de la realidad. Tunas y aceitunas reinaban los dos o tres primeros kilómetros de la cuesta. Después el paisaje se tornaba más boscoso, con especies como roble (que no vi, o quizás sí pero no le presté atención). Luego de una hora y veinte minutos llegué a la cumbre. Al límite entre la Región Metropolitana y la de Valparaíso. Descanso merecido y el cigarro de rigor mirando hacia el otro lado de la cuesta (hacia Olmué). Lástima que la bruma impidiera aprovechar más la vista.

Vista hacia el oriente en la cuesta La Dormida.
La cumbre de la cuesta. Dejando la Región Metropolitana y cruzando a la de Valparaíso.

El descenso fue maravilloso, casi a 65 km/h en algunos tramos. Para llegar a Til Til a almorzar. Cerca de 93 km para un plato de comida. Elegimos un local con aspecto de fonda en el pueblito artesanal de Til Til, Un cocimiento para recomponer el alma y seguir pedaleando.

Ya devuelta, un puchito junto a Manuel Rodríguez y pedalear rápido par no llegar a oscuras a Santiago. Para el cruce de Lo Echevers con Vespucio ya llevábamos cerca de 138 km. El volver desde ahí a la casa fue una tortura, más que por cansancio, porque me dolían las posaderas. Necesito urgente unas calzas acolchadas para estos viajes largos. Vespucio, San Pablo, Santa Isabel y ya estaba casi en casa. Se me acabó la batería del celular cerca de San Pablo con Cumming y hasta ahí marcó 163 km. Los siete restantes se cumplen hasta mi casa.

Hasta la fecha ha sido el pique en bicicleta más largo que he hecho. Le sigue el viaje a Melipilla y Pomaire. Llegué con las piernas cansadas, pero hoy amanecí como tuna, listo para embarcarme, espero que pronto, a otra aventura en la ruta.

PD: No acostumbro a poner fotos en el blog, pero esta especie de crónica lo amerita.