En ese entonces
tomaba cerveza. Todos los días tomaba cerveza. Tomaba camino a la universidad,
en la universidad, en el camino de regreso a casa, en mi casa. A veces hacía
una excepción, cuando tenía más plata, y me iba a tomar a un bar. Claramente no
era un bar lujoso, más bien era uno de mala muerte, de esos que huelen a orina,
a vómito, a cigarro y a prensada. Obvio que fumaba prensada, si los cabros me
ofrecían yo no me podía negar. Pero como te decía, era a veces, porque no
siempre tenía plata para ir a esos lugares. Me contentaba con tomarme un
Báltica, sí tenía un poco más, una Escudo, pero de eso no pasaba. Sé que son
malas cervezas, pero la angustia tiene cara de hereje, como decía mi taita. En
ese entonces me contentaba con los riffs afilados, no me interesaba la
estructura de la canción, tenía que ser algo que entrara rápido, que me pusiera
eufórico, que me hiciera cabecear. Mientras más agudo cantara el vocalista,
mejor. No importaba que fuese desafinado, no importada que fuese falsete, tenía
que ser lo más agudo. Eso era la sensación. Riffs afilados, solos de guitarra rápidos
y voces muy agudas. En ese entonces no fumaba cigarrillos, como te decía,
fumaba prensada cuando iba a los bares de mala muerte. Un día, no recuerdo por
qué andaba con lucas, me fui a un bar pirulo. Tomé vodka, sin hielo. Me senté
en la barra, y tomaba un vodka tras otro. Debo haber estado cinco horas en el
bar. Yo creo que tenía un poco chato al barman, porque vaciaba el vaso y le
pedía otro corto de vodka sin hielo. Ese día conocí a Magdalena. La Magda. La
vi y me gustó al toque. Tenía la piel blanca, pero se notaba que había estado
de viaje, o que había ido al solárium, porque tenía la piel tostada. Tenía el
pelo negro y los ojos verdes como helado
de pistacho, casi amarillos. Se sentó a tres asientos de mí en la barra, y
pidió vodka sin hielo. Eso fue lo que más me llamó la atención. Estábamos tomando
lo mismo, creo que ella pidió un vodka de mejor calidad que el mío, pero eso no
es importante. Pasado un rato me ofreció un cigarrillo, yo no fumaba, pero se
lo acepté. Lo encendí y comenzamos a conversar. La conversación fue trivial. Lo
típico. Primero del clima, que hace frío, que mañana hará calor, que me gustan
los perros y a ella los gatos, en fin, típica conversación banal. Al cabo de un
rato me ofreció una línea. Yo dudé. Nunca
había probado la cocaína y me daba un poco de miedo, pero si ella lo hacía no
tenía por qué ser malo, así que acepté. Me llevó a su auto, sacó un papel de la
guantera, armó cuatro líneas sobre un espejo. Jaló ella primero, una por la
izquierda y la otra por la derecha, luego me dijo a mí que lo hiciera. Repetí
lo mismo, pero lo hice primero por la derecha y después por la izquierda. Tuve
una sensación maravillosa. Volvimos a la barra y volví a fumar un cigarrillo y
a tomar vodka sin hielo. Ella se ofreció a pagarme todo lo que había tomado. Me
preguntaba por qué lo hacía, por qué una mina tan cuica estaba hablando
conmigo. Yo acepté. Creo que la Magda tenía otras intenciones conmigo, pero yo
estaba más preocupado de tomar vodkas más caros a que atinar a tirármela. Pasó
el rato y seguíamos con conversaciones banales. El barman no pidió que nos
retiráramos, porque ya era la hora de cierre. En ese entonces recordé que yo no
pertenecía ahí. La Magda se ofreció a llevarme, creo que me quería llevar a su
departamento, pero no acepté. Me dejó en Escuela Militar y se fue. Mi
borrachera no me permitía estar en pie. Me tiré en el pasto de una plaza y me
dormí. Desperté y creí que todo había sido un sueño, pero no lo era. Caí en
cuenta de todo lo que había pasado. Ya no iba a poder volver con normalidad a
mis bares de costumbre, ya no iba a aceptar sin recelo un pito de prensada.
Todo iba a ser distinto, es que cuando uno conoce el mundo de la gente con
plata después no quiere volver a su triste realidad.
viernes, 27 de septiembre de 2013
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Fede
Fede está enamorado de Julián,
esto todo el mundo lo sabe, menos Julián. Fede siempre está pensando en la
manera de decirle esto a Julián. Nunca encuentra las palabras para decirlo,
Siempre imagina cosas. Piensa en todo lo que haría si tuviese a Julián a su
lado. De momento se conforma con masturbarse y beber cerveza. Todos los días
destapa una cerveza y cuando le queda un cuarto de botella o menos se empieza a
masturbar. Cuando se masturba piensa en Julián. Imagina mucho, pero en realidad
no sabe cómo es Julián. Quizá Fede no sabe qué es el amor, tampoco es algo que
le interese; lo único que sabe es que ama a Julián. Cuando Fede se masturba,
aparte de tomar cerveza, se fuma un cigarro, a veces un pito. Se concentra más,
siente que tarda más en eyacular. Siempre recuerda la vez que estuvo con Sofía.
Esa vez Sofía no llegó al orgasmo y Fede se frustró, se enojó, gritó mucho. La
trató de maraca, de perra y Sofía lloró. Nunca más estuvo con una mujer. El
otro día se tiró una línea de coca mientras escuchaba esa canción que le
gustaba tanto a Sofía. Después se durmió. Despertó con una sensación extraña en
el pecho y salió a caminar por Pedro de Valdivia. Era de noche y los árboles
estaban cubiertos por luces, parecía navidad, pero estaba seguro que no era
diciembre. De regreso a casa se encontró con Julián, conversaron parados a
mitad de cuadra, no sabía qué contarle, el clima, algún estreno de cine, ningún
tema le parecía el adecuado. Fueron a tomar cerveza a un pub y le dieron ganas
de masturbarse cuando le quedaba menos de un cuarto de la botella. Pensó en ir
al baño del pub a hacerlo, pero se contuvo. Quería que Julián lo hiciera. Tenía
ganas de invitarlo a su casa. Se levantó al baño a mear, cuando volvió Julián
ya no estaba, había dejado sobre la mesa un billete de diez mil pesos para
pagar la cuenta. Fede pidió otra cerveza que no se tomó.
martes, 20 de agosto de 2013
Otoño
Una tarde de domingo, me acuerdo porque durante esa mañana me habían obligado a ir a misa. Los más probable es que haya sido otoño (¡imagínense lo terrible que es para un niño ir a misa un domingo en otoño!), porque, por lo que recuerdo, estaba fresco, corría un viento agradable, helado, pero agradable, que traspasaba mi polera y hacía que mi piel se pusiera como gallina. Además estaba lleno de hojas secas. De esto último me acuerdo bien porque la pelota de fútbol se quedó atrapada en un árbol luego de fallar un penal. El balón se elevó sobre el travesaño imaginario que yacía entre dos árboles y fue a parar a las ramas. Me acuerdo que mi viejo estaba al arco, y se enojó. Se enojó porque había gastado plata que no tenía por comprarme esa pelota y ahora estaba a cinco metros de altura y nada podíamos hacer para sacarla. Estuvimos un buen rato intentando que cayera tirándole piedras, pero no daba resultados.Lo único que provocó fue una lluvia de hojas secas, de colores rojizos y marrones, de diferentes tamaños, algunas mordidas por algún insecto, otras íntegras. No paraban de caer y se amontonaban suavemente sobre el pasto esperando que algún niño, o alguna pareja de novios inmaduros, se acercaran a saltar sobre los montones de hojas.
viernes, 3 de mayo de 2013
Colillas
Me gusta vivir en la calle, llevo
así como cinco años y no pienso volver a mi casa. Allá me hueveaban mucho, nada
tan terrible, creo que si les dijera por qué me hinchaban tanto las pelotas se
reirían, así que no lo mencionaré. Dejémoslo en que no me gustaba cómo me
trataban. Por eso me fui. Fue duro en un principio, más que nada porque
necesitaba plata para poder comer, fumar y leer. Los libros son lo más difícil
de conseguir, pero en cierto modo me las ingenio para leer al menos uno a la
semana. Lo que encuentro súper difícil de conseguir son los cigarros. No porque
no vendan en ningún lugar, sino porque son muy caros, y el poco dinero del que
dispongo lo uso para comer. Aquí es cuando le digo cómo obtengo los
cigarrillos. Si se fijan, hay muchos sectores en las calles de Santiago que
están atestados de colillas de cigarro. Uno de esos lugares son los paraderos
de micro. De verdad, fíjense: cientos de colillas. El paraíso para quien no
dispone plata para comprar cigarros. Me dedico a recoger las colillas, unas
quince me bastan para preparar un cigarrillo. Sí, sé que se están preguntando
cómo los enrolo. Bueno, eso es cuento aparte, pero convengamos en que los
consigo en la plaza en la que duermo, de los cabros que van a pitearse a
escondidas de sus familias. Me acerco a ellos y les pido que me conviden
papelillos, eso es todo. Luego de conseguir algunos, comiendo a enrolar. Lo
único desagradable es que quedan las manos pasadas a tabaco ahumado, y cuesta
que salga ese olor. Pero ya estoy acostumbrado, y a la gente que pasa en la
calle poco le importa el olor que tengo, menos el olor que tengo en los dedos.
Por eso siempre he dicho: un paradero es un buen lugar para conseguir tabaco
cuando la plata escasea.
domingo, 31 de marzo de 2013
Carrete
Estábamos en una fiesta, en algún lugar de Santiago, no
sabría decir dónde, debe haber sido en algún lugar de clase media-baja. Esto
último basado en los ladrillos que se dejaban ver en el living-comedor de la
casa. Paredes de ladrillos Princesa -esto lo sé porque estudio ingeniería en obras civiles-, sin capa de concreto por fuera, ladrillo
pelado, con apenas una mano de pintura blanca. Debe ser alguna de esas villas
que tienen cientos de casas iguales, todos con los living-comedor de la misma forma.
En la mesa se podían observar los vasos, todos diferentes, restos de juegos de
vasos antiguos y algunos más nuevos. Los tragos que habían no eran de los más
caros, tampoco de los más baratos, pero no podría decir exactamente cuáles
eran. Aun así, nos acercamos a la mesa y nos servimos unas piscolas, –creo-,
luego nos acercamos al sillón para sentarnos. No cabíamos los tres, había
alguien más sentado ahí, así que acercamos una silla y nos pusimos a conversar.
Nos sentíamos incómodos, prácticamente de eso trató la conversación,
conversación que tenía que ser discreta para no ocasionar molestia a los dueños
o a los amigos de estos. Comencé a fijarme en el sillón. Estaba forrado en algo
que parecía cuero, pero claramente no lo era, estaba lleno de hoyos, yo creo
que estaba así de lo viejo que era, o quizá por la mala calidad del forro que
tenía. Igual era cómodo, eso es lo que más importaba en ese momento. Después me
fijé en el piso, no era de madera, ni siquiera era piso flotante. Toda la casa
tenía el piso de cerámica, ¡hasta las piezas!, como pude notar con
posterioridad. El alcohol y la droga que había jalado disminuían un poco el
impacto que me producía esta casa. La coca me la había conseguido el hijo de un
socio de mi papá. Era muy pura, me salió súper cara. Pero no importa, puedo
pedirle más plata a mi viejo mañana, o cuando la necesite. En un momento se nos
acercó uno de los invitados de la fiesta. Nos comenzó a hablar, pero no le
dimos bola. Se notaba que tenía ganas de armar una pelea, cosa que a mí me
parece atroz. Pero él insistía con pelear, e incitaba a alguno de sus amigos a
unírsele. Comenzó dándome un par de palmadas en la cara, y eso yo no lo
aguanté. Cómo se le ocurre a ese roto tocarme. Más aun sin yo haberle hecho mal
alguno. Quizá le molestaba mi presencia. Quizá quería que le diera plata. Quizá
quería mis zapatillas. Vaya a saber uno. Las cosas pasaron rápido, pero me vi
enfrascado en una pelea con aquel tipo. Creo que logré pegarle un par de
combos, incluso diría que le quebré la nariz. Pero él me dejó peor. No sé qué
habrá sucedido en el lapso de tiempo en que estuve inconsciente, de lo único
que estoy seguro es que mis amigos se fueron, no me ayudaron, y, que, además,
el tipo con el que peleé me robó toda la plata que andaba trayendo, ¡hasta los
dos papelillos con coca! Medio atontado, me agarré de la mesa y me levanté.
Abrí la puerta que daba a la calle y salí. Comencé a caminar, a preguntarle a
la gente dónde estaba. ¡Vaya, qué lejos estaba de casa! Cogí el primer taxi que
pillé y le pedí que me llevara a mi hogar. Llamé a la Gabi, que es mi nana, y le dije que
me esperara con plata afuera de la casa, y que no les contara nada a mis
viejos. Así lo hizo. Cancelé los quince mil pesos de la carrera y entré a la
casa. Cuando llegó mi viejo y me preguntó que cómo estaba, le dije que bien,
que lo había pasado muy bien en la casa de Andrés, que es mi mejor amigo. Si
supiera todo lo que pasé anoche me desheredaría. Y claramente yo no quiero eso.
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